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Creamos las normas del grupo

Actualizado: hace 4 días

El objetivo de la sesión es identificar aquellas conductas que más dificultan la convivencia en el aula y promover un compromiso colectivo para mejorar el ambiente escolar a través del acuerdo y la implicación activa de todos y todas.


La tutoría comienza con una pequeña reflexión inicial:

  • “¿Qué cosas que ocurren en clase os molestan o dificultan que trabajéis a gusto?”

  • “¿Creéis que todos somos responsables del ambiente que se crea en el aula?”


Se explica que hoy vamos a identificar esas conductas que nos incomodan y vamos a transformarlas en normas positivas que todos nos comprometamos a cumplir. Al final de la sesión, elegiremos una norma como reto

colectivo del mes.


Actividad 1: La clase en la que me gustaría estar


El tutor/a entrega a cada alumno o alumna dos pósits. De forma individual y anónima, deben completar las siguientes frases:

  • En clase me siento a gusto cuando…

  • Me cuesta estar o trabajar en clase cuando…


En la pizarra se preparan dos espacios:

  • Nos ayuda a estar bien.

  • Nos lo pone difícil.


El alumnado coloca sus respuestas en el lugar correspondiente. El tutor/a lee algunas aportaciones y agrupa las ideas que se parecen, sin intentar todavía buscar soluciones.

Antes de continuar, recuerda:

«Vamos a hablar de conductas, no de personas. No buscamos quién hace algo, sino qué cosas ocurren y qué podemos mejorar como grupo».

Trabajo por grupos


Se forman pequeños grupos de 4-5 alumnos/as. Cada grupo hace una lluvia de ideas sobre conductas que suelen molestarles dentro del aula. Deben centrarse en cosas que hacen los propios compañeros/as (no profesorado ni agentes externos).


Una vez tengan varias ideas, deben reducir la lista a 5 o 6 conductas que les parezcan más frecuentes o más incómodas.

Ejemplos: hablar mientras el profesor explica, interrumpir a los compañeros, no dejar trabajar, burlarse, dejar todo tirado…

Actividad 2: Ordenamos nuestra fotografía del aula


Agrupamiento: equipos de 4 o 5 estudiantes.


Se reparten entre los grupos los pósits de la columna “Nos lo pone difícil”.


Cada grupo debe leerlos y agrupar las conductas que se parezcan. Después, pone un nombre a cada categoría.


Pueden aparecer categorías como:

  • Ruido e interrupciones.

  • Falta de respeto.

  • Burlas o exclusión.

  • Dificultades para trabajar.

  • Desorden y falta de cuidado del aula.

  • Falta de colaboración.

  • Incumplimiento de turnos o acuerdos.


Una vez agrupadas las respuestas, cada equipo selecciona las dos conductas que considera más frecuentes o que más afectan al bienestar y al trabajo del grupo.


El tutor/a puede orientar el análisis con estas preguntas:

  • ¿Con qué frecuencia ocurre?

  • ¿A cuántas personas afecta?

  • ¿Impide aprender o trabajar?

  • ¿Hace que alguien se sienta incómodo, excluido o poco respetado?

  • ¿Podemos hacer algo para cambiarlo?


Actividad 3. Elegimos las conductas prioritarias


Cada grupo presenta:

  • Las categorías que ha encontrado.

  • Las dos conductas que considera prioritarias.

  • El motivo por el que piensa que afectan a la convivencia.


El tutor/a anota las propuestas en la pizarra y agrupa las que se repiten.


Entre todos se seleccionan las cinco o seis conductas que más dificultan la convivencia en el aula.


Algunos ejemplos pueden ser:

  • Hablar durante las explicaciones.

  • Interrumpir cuando otra persona está hablando.

  • No dejar trabajar.

  • Reírse cuando alguien se equivoca.

  • Insultar o utilizar motes.

  • Dejar el aula desordenada.

  • Excluir a algún compañero o compañera.

  • No respetar el turno de palabra.


Actividad 4: Transformamos los problemas en compromisos


El tutor/a explica que una norma resulta más útil cuando señala lo que queremos conseguir y no se limita a prohibir una conducta.

Se plantea la siguiente pregunta:

«Si esta conducta desapareciera, ¿qué nos gustaría que ocurriera en su lugar?».

Por ejemplo:

  • En vez de “No gritar en clase”, podemos escribir:“Hablamos en un tono que permite trabajar y escuchar”.

  • En vez de “No interrumpir”, podemos escribir:“Respetamos el turno de palabra”.

  • En vez de “No reírse de los demás”, podemos escribir:“Respetamos los errores y ayudamos a mejorar”.

  • En vez de “No dejar todo tirado”, podemos escribir:“Cuidamos y recogemos el espacio que compartimos”.

  • En vez de “No insultar”, podemos escribir:“Nos hablamos con respeto, incluso cuando estamos enfadados”.


Cada grupo elige una de las conductas seleccionadas y la transforma en una norma positiva o compromiso colectivo.


La norma debe cumplir cuatro condiciones:

  • Estar escrita en positivo.

  • Ser clara y breve.

  • Poder cumplirse y observarse.

  • Depender principalmente del propio grupo.


Actividad 5: Creamos las cartulinas


Cada grupo prepara una cartulina con su norma positiva.


Actividad 6: Votamos la norma del mes


Cada grupo presenta brevemente su cartulina y explica por qué considera importante trabajar esa norma.

Después, el alumnado vota de forma individual cuál debería convertirse en el reto colectivo del mes.

Antes de votar, el tutor/a recuerda:

«No estamos eligiendo la cartulina más bonita, sino la norma que más necesita nuestro grupo para aprender, convivir y estar mejor».

La norma más votada se coloca en un lugar destacado del aula.


Cierre de la sesión: compromiso colectivo


El tutor/a presenta el reto:

«Durante las próximas semanas intentaremos cumplir esta norma de manera consciente. No buscamos hacerlo perfectamente desde el primer día. Buscamos observarnos, ayudarnos y mejorar como grupo».

En las siguientes tutorías se dedicarán unos minutos a responder:

  • ¿Estamos cumpliendo la norma?

  • ¿En qué momentos nos resulta más difícil?

  • ¿Qué cambios positivos hemos notado?

  • ¿Qué podemos hacer para mejorar?

  • ¿Necesitamos mantenerla durante más tiempo?

Al finalizar el mes, el grupo valorará sus avances y decidirá si puede elegir una nueva norma o si necesita continuar trabajando la misma.


«El ambiente de una clase no depende de una sola persona. Se construye cada día con la manera en que hablamos, escuchamos, trabajamos y tratamos a los demás. Las normas no sirven únicamente para decirnos lo que no debemos hacer: nos ayudan a crear la clase en la que queremos estar. Cuando una norma nace del grupo, todos somos responsables de convertirla en realidad».

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