Creamos las normas del grupo
- Gabriel Gómez Yagüe
- 23 jul 2025
- 4 min de lectura
Actualizado: hace 4 días
El objetivo de la sesión es identificar aquellas conductas que más dificultan la convivencia en el aula y promover un compromiso colectivo para mejorar el ambiente escolar a través del acuerdo y la implicación activa de todos y todas.
La tutoría comienza con una pequeña reflexión inicial:
“¿Qué cosas que ocurren en clase os molestan o dificultan que trabajéis a gusto?”
“¿Creéis que todos somos responsables del ambiente que se crea en el aula?”
Se explica que hoy vamos a identificar esas conductas que nos incomodan y vamos a transformarlas en normas positivas que todos nos comprometamos a cumplir. Al final de la sesión, elegiremos una norma como reto
colectivo del mes.
Actividad 1: La clase en la que me gustaría estar
El tutor/a entrega a cada alumno o alumna dos pósits. De forma individual y anónima, deben completar las siguientes frases:
En clase me siento a gusto cuando…
Me cuesta estar o trabajar en clase cuando…
En la pizarra se preparan dos espacios:
Nos ayuda a estar bien.
Nos lo pone difícil.
El alumnado coloca sus respuestas en el lugar correspondiente. El tutor/a lee algunas aportaciones y agrupa las ideas que se parecen, sin intentar todavía buscar soluciones.
Antes de continuar, recuerda:
«Vamos a hablar de conductas, no de personas. No buscamos quién hace algo, sino qué cosas ocurren y qué podemos mejorar como grupo».
Trabajo por grupos
Se forman pequeños grupos de 4-5 alumnos/as. Cada grupo hace una lluvia de ideas sobre conductas que suelen molestarles dentro del aula. Deben centrarse en cosas que hacen los propios compañeros/as (no profesorado ni agentes externos).
Una vez tengan varias ideas, deben reducir la lista a 5 o 6 conductas que les parezcan más frecuentes o más incómodas.
Ejemplos: hablar mientras el profesor explica, interrumpir a los compañeros, no dejar trabajar, burlarse, dejar todo tirado…
Actividad 2: Ordenamos nuestra fotografía del aula
Agrupamiento: equipos de 4 o 5 estudiantes.
Se reparten entre los grupos los pósits de la columna “Nos lo pone difícil”.
Cada grupo debe leerlos y agrupar las conductas que se parezcan. Después, pone un nombre a cada categoría.
Pueden aparecer categorías como:
Ruido e interrupciones.
Falta de respeto.
Burlas o exclusión.
Dificultades para trabajar.
Desorden y falta de cuidado del aula.
Falta de colaboración.
Incumplimiento de turnos o acuerdos.
Una vez agrupadas las respuestas, cada equipo selecciona las dos conductas que considera más frecuentes o que más afectan al bienestar y al trabajo del grupo.
El tutor/a puede orientar el análisis con estas preguntas:
¿Con qué frecuencia ocurre?
¿A cuántas personas afecta?
¿Impide aprender o trabajar?
¿Hace que alguien se sienta incómodo, excluido o poco respetado?
¿Podemos hacer algo para cambiarlo?
Actividad 3. Elegimos las conductas prioritarias
Cada grupo presenta:
Las categorías que ha encontrado.
Las dos conductas que considera prioritarias.
El motivo por el que piensa que afectan a la convivencia.
El tutor/a anota las propuestas en la pizarra y agrupa las que se repiten.
Entre todos se seleccionan las cinco o seis conductas que más dificultan la convivencia en el aula.
Algunos ejemplos pueden ser:
Hablar durante las explicaciones.
Interrumpir cuando otra persona está hablando.
No dejar trabajar.
Reírse cuando alguien se equivoca.
Insultar o utilizar motes.
Dejar el aula desordenada.
Excluir a algún compañero o compañera.
No respetar el turno de palabra.
Actividad 4: Transformamos los problemas en compromisos
El tutor/a explica que una norma resulta más útil cuando señala lo que queremos conseguir y no se limita a prohibir una conducta.
Se plantea la siguiente pregunta:
«Si esta conducta desapareciera, ¿qué nos gustaría que ocurriera en su lugar?».
Por ejemplo:
En vez de “No gritar en clase”, podemos escribir:“Hablamos en un tono que permite trabajar y escuchar”.
En vez de “No interrumpir”, podemos escribir:“Respetamos el turno de palabra”.
En vez de “No reírse de los demás”, podemos escribir:“Respetamos los errores y ayudamos a mejorar”.
En vez de “No dejar todo tirado”, podemos escribir:“Cuidamos y recogemos el espacio que compartimos”.
En vez de “No insultar”, podemos escribir:“Nos hablamos con respeto, incluso cuando estamos enfadados”.
Cada grupo elige una de las conductas seleccionadas y la transforma en una norma positiva o compromiso colectivo.
La norma debe cumplir cuatro condiciones:
Estar escrita en positivo.
Ser clara y breve.
Poder cumplirse y observarse.
Depender principalmente del propio grupo.
Actividad 5: Creamos las cartulinas
Cada grupo prepara una cartulina con su norma positiva.
Actividad 6: Votamos la norma del mes
Cada grupo presenta brevemente su cartulina y explica por qué considera importante trabajar esa norma.
Después, el alumnado vota de forma individual cuál debería convertirse en el reto colectivo del mes.
Antes de votar, el tutor/a recuerda:
«No estamos eligiendo la cartulina más bonita, sino la norma que más necesita nuestro grupo para aprender, convivir y estar mejor».
La norma más votada se coloca en un lugar destacado del aula.
Cierre de la sesión: compromiso colectivo
El tutor/a presenta el reto:
«Durante las próximas semanas intentaremos cumplir esta norma de manera consciente. No buscamos hacerlo perfectamente desde el primer día. Buscamos observarnos, ayudarnos y mejorar como grupo».
En las siguientes tutorías se dedicarán unos minutos a responder:
¿Estamos cumpliendo la norma?
¿En qué momentos nos resulta más difícil?
¿Qué cambios positivos hemos notado?
¿Qué podemos hacer para mejorar?
¿Necesitamos mantenerla durante más tiempo?
Al finalizar el mes, el grupo valorará sus avances y decidirá si puede elegir una nueva norma o si necesita continuar trabajando la misma.
«El ambiente de una clase no depende de una sola persona. Se construye cada día con la manera en que hablamos, escuchamos, trabajamos y tratamos a los demás. Las normas no sirven únicamente para decirnos lo que no debemos hacer: nos ayudan a crear la clase en la que queremos estar. Cuando una norma nace del grupo, todos somos responsables de convertirla en realidad».


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